miércoles, 5 de agosto de 2009

"Uno nunca termina de aprender"

"Uno nunca termina de aprender"
En el transcurso de la vida, todo tiene su costo y el que decide no pagarlo, pasa a ser colado de la misma. Se ha dicho muchas veces que una de las características más importante de nuestro tiempo es la velocidad. Y no está mal que se construyan autovías que permitan cubrir el recorrido Capital – La Plata en una hora y no un día. Aunque valdría la pena establecer diferencias entre la velocidad y la improvisación que es primo del apuro y el desconocimiento. Y aquí se corporiza la diferencia que hace el saber. Y en defensa del conocimiento vale la pena ponerse de acuerdo que para acceder a él no existen recetas mágicas, atajos académicos o actos milagrosos. Lo milagroso, lo mágico es aprender. Y quien desdeña el aprender por propia convicción, es mejor que no aprenda. Cuando se menciona el conocimiento y el aprendizaje, no necesariamente esto debe llevarse a cabo en Facultades. Esto es fácil de comprobar. Cómo? tratando a personas integras, bondadosas, sensibles y llenas de virtud que ignoran olímpicamente las ecuaciones de tercer grado, la alotropía, las cadenas de carbono o el principio de los algoritismos. Posiblemente esto dará lugar a la disputa entre lo empírico y lo académico. Llegado el caso, es mejor no saber, que ser un estúpido.
El aprender resulta gratificante, es un desafío lindo en el que siempre obtendremos algo. Sucede que tal vez lo ligamos con él nunca bien recordado “Ahora vas a aprender” de algunos Padres, que esgrimiendo cinturón o alpargata en mano, pasaban a impartir enseñanzas que inevitablemente nos hacia acreedores a un par de chirlos, que ni remotamente se cuestionaba; tenían carácter de cosa juzgada sin apelación que valga, so pena de que reiteren la enseñanza, bajo la frase “No entendiste?” seguido del “Ahora yo te voy a enseñar” y vuelta a empezar.
Los primeros pasos de aprender suelen ser tediosos, frustrantes, en tanto que nos demuestra que nuestros supuestos conocimientos son exiguos, llega el momento crucial, el de sobreponerse y enfrentar y aceptar el propio desconocimiento, con el intimo objetivo de vencerlo, para saber, para aprender. Aunque esto solo nos garantice la propia satisfacción, que de por si no es poca cosa. Así como también están los que eligen el camino que saben de antemano que no lo van a llevar a la felicidad, y sin embargo lo eligen igual, y eligen el aprender diariamente, desde la grandeza y la humildad. Y saben que no le van a pagar más por eso. Por esa grandeza y esa humildad sienten que tienen algo que hacer y lo hacen. Y posiblemente no les guste, de hecho no creo que les guste, pero lo hacen igual. Manuel del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano, abogado, podría haberlo pasado mucho más cómodo y confortable, sin embargo eligió el camino más difícil; José María Paz (el Manco) era profesor de matemáticas y eximio jugador de ajedrez; podría haberse quedado tranquilo con su cátedra, pero... Hoy sus tácticas y estrategias siguen siendo estudiadas y reconocidas en la academia militar norteamericana de West Point. De que otra forma se puede llamar a esto que no sea valor y heroísmo?. Es harto difícil comprender estas actitudes, y es preferible admirarlas en lo que tienen de absurdo, extraordinario y mérito ético.
"Uno nunca termina de aprender", adhiero a esa frase. Y no todos los aprendizajes resultan placenteros. Aunque en alguna materia valdría la pena un curso acelerado e intensivo, habría que aprenderlas en un instante, con la celeridad de un destello, mediante un gigantesco baño de humildad. Es de esperar que con esta maniobra el soberbio, pueda suprimir o bien economizar innumerables episodios desagradables para él y para quienes lo padecen.
Aprender, lleva tiempo.
Contrariamente al dicho popular, el saber ocupa un gran lugar, pero el saber no garantiza éxito, felicidad o dinero; solo el íntimo placer virtuoso.
No hay recompensas, o si, tal vez la sensación de que lo puede hacer mejor.

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